Soy un artista emergente cuya obra nace de la necesidad misma de crear, del proceso propiamente dicho. Empleó técnica digital , donde puedo disfrutar de una viveza de color que rara vez se encuentra en las técnicas tradicionales, y obra plástica con la que me inicie, puediendo trabajar desde el comienzo con la manipulacion de los materiales, actualmente acrílico, que suelo modificar con pigmentos y medius.  Siento que soy un conversador constante con el mundo de las ideas, a través del cual las formas, los colores y los pensamientos encuentran un cuerpo posible. Cada obra tiene su propia existencia, una conversacion entre la matriz, la forma y el pulso de la vida.

Mi visión está profundamente influenciada por una idea filosófica que me acompaña desde la infancia: la teoría platónica del mundo de las ideas y el mundo de la realidad. Esa noción de que existen dos planos —uno tangible y otro intangible— ha marcado mi forma de entender tanto el arte como la existencia. Para mí, la creación no es un acto de invención espontánea, sino un diálogo con ese otro plano, un dialogo silencioso entre lo que ya existe y lo que busca ser revelado. Transformando lo invisible en una forma visible, alguien que escucha, observa y espera hasta que la idea decide manifestarse.

En ese intercambio nace la verdadera pregunta: ¿de dónde viene la idea? Nace en mi, en ese otro plano o en este que me rodea. Espero algún día hallar la respuesta.

Mi trabajo gira en torno a la relación entre la realidad y la emoción, y al desafío de capturar, en una sola imagen, aquello que pertenece al tiempo: un gesto, una historia, un instante efímero. Busco encerrar en algo estático un fragmento de vida, una vida que, por naturaleza, no conoce la quietud, que se transforma constantemente. Me interesa explorar cómo el color y la composición pueden traducir sentimientos en estructuras visuales, y cómo el color puede llegar a ser una frecuencia emocional, más que un simple elemento estético.

Desde temprana edad me sentí reflejado en las obras de Basquiat, Gaudí, Van Gogh y Duchamp, entre otros, creadores que rompieron las reglas para construir lenguajes propios. Con el tiempo, esas influencias se entrelazaron con mis propias experiencias vitales. Viví cuatro años en las calles, en entornos punk y antisistema, lo cual transformó mi mirada y me enseñó a ver el mundo desde sus márgenes: un lugar donde el caos y la libertad se tocan. Esa etapa me mostró que todo es posible, y que la vida, como el arte, tiene siempre dos caras —la luz y la sombra, el orden y el desorden, la belleza y la decadencia—, pero que todo depende de quién y cómo lo mire.

En última instancia, mi propósito es invitar a la reflexión sobre lo cotidiano, a mirar lo habitual con una profundidad distinta. A través de mi obra busco recordar que, incluso en los momentos más simples, existe una trascendencia silenciosa, una belleza escondida que solo se revela cuando aprendemos a detenernos y mirar.